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¿Qué está pasando en Bogotá y sus localidades?

“Bogotá, entre las peores ciudades para vivir en Latinoamérica” fue uno de los muchos titulares con el que los medios locales registraron un estudio realizado por la revista The Economist, revelado hace tan solo algunos días. Allí se estableció, luego del análisis de cinco indicadores, que la Capital ocupa el puesto 12 entre 15 ciudades de la región en las que se evaluó las condiciones de vida de centros urbanos de este lado del Continente.

Las variables tenidas en cuenta para establecer qué tan buenos vivideros son las metrópolis latinoamericanas fueron: estabilidad, cuidado de la salud, cultura y medio ambiente, educación e infraestructura. La Unidad de Inteligencia de la revista estableció que Bogotá apenas supera ciudades convulsionadas como México (13), Ciudad de Guatemala (14) y Caracas (15).

El análisis The Economist sirve, de alguna forma, para hacernos una idea de cómo nos ven en el extranjero. Y, de forma concreta, para establecer cómo somos percibidos con respecto a otras ciudades del hemisferio.

Comparo ese resultado con la retroalimentación que hemos recibido los Representantes de la Comisión Segunda de la Corporación en Audiencias Públicas que se vienen haciendo en distintas localidades, desde hace más cuatro meses. Escuchando a los habitantes de Ciudad Bolívar, Kennedy, Puente Aranda, Mártires, Candelaria y Suba, entre las primeras zonas agendadas, es claro que la percepción de los ciudadanos aquí no es distinta a la de los expertos en el extranjero.

Problemas de seguridad, desempleo, graves retrasos en infraestructura y conflictos ambientales locales están a la orden del día. En los barrios y comunidades de Bogotá se viven realidades muy distintas a las que son informadas oficialmente por las autoridades de la ciudad.

La visión en estos encuentros parece ser la del reflejo de un espejo que muestra imágenes distintas: de una parte, la Administración Distrital (a través de funcionarios de segundo nivel, pues nunca han asistido a las Audiencias las cabezas de las secretarías y, mucho menos, el Alcalde Mayor) dando a conocer en localidades balances positivos de lo que sucede en los barrios y comunidades. Del otro lado, los bogotanos preguntándose dónde queda esa ciudad que se muestra sin inconvenientes, sin problemas ni conflictos. Extrañamente es una publicación europea la que les da la razón a estos extrañados capitalinos que, según muestran las encuestas, no se sintonizan ni entienden lo que está haciendo su mandatario.

Una vez más les pido con respeto al Alcalde y a su Gabinete que hagan un esfuerzo para tener en cuenta lo que piensan los bogotanos. Semanas antes de que se registraran las protestas de los habitantes del Mochuelo, Alto y Bajo, líderes de la localidad de Ciudad Bolívar y Usme, nos contaron en una Audiencia Pública que estaban cansados de que no los tuvieran en cuenta. Allí alertaron a los funcionarios que envió el Distrito sobre la inminente utilización de las vías de hecho. Pasó algo más de un mes sin que se atendieran los reclamos; tuvo la comunidad que volver a cerrar la vía de acceso al relleno para que el Distrito apresurara explicaciones sobre un asunto que lleva años sin solucionarse. Lo mismo sucede con los conflictos generados por los anuncios de intervención en la reserva Van der Hammen, con la problemática de habitantes de calle en las localidades del centro o con el arboricidio que se está llevando a cabo en el Bosque de Bavaria, en la localidad de Kennedy.

Ojalá el Alcalde y su equipo de trabajo tengan en cuenta las opiniones de sus gobernados. Si no es así, que por lo menos no deje pasar de largo las advertencias que ya también le hacen desde el extranjero sobre la cada vez menguada competitividad de Bogotá.

12 Septiembre, 2017