En los medios, La Agenda

Órganos de control

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Escrito por  RODRIGO VILLALBA MOSQUERA

 

Algo está pasando en el país del sagrado corazón de Jesús. Ciertos dirigentes con todos los “títulos” para desempeñar altas responsabilidades de Estado, al final de la jornada presentan un balance decepcionante; “héroes con pies de barro”. Es el caso de los últimos jefes de los órganos de control e investigación, como la Contraloría, Fiscalía y Procuraduría. ¿Quién dudaría de los pergaminos para desempeñar esas dignidades en cabeza de Sandra Morelli, Eduardo Montealegre o Alejandro Ordóñez?

Sandra Morelli, la mejor estudiante del Externado donde se hizo abogada al lado del maestro Hinestroza y con un desempeño en su vida profesional excelente, llegó a la Contraloría con arrogancia a tomar decisiones y, sin la austeridad que exige el cargo, terminó enredada en innecesaria y costosa contratación sobre inmuebles para el funcionamiento de la entidad.

Eduardo Montealegre, exviceprocurador, expresidente de la Corte Constitucional, director del Instituto de Criminología del Externado y magíster en esa misma materia en Alemania, asesor de varios gobiernos en temas clave de la administración pública, llegó a la Fiscalía con refrescantes decisiones de avanzada y terminó en innecesaria, costosa e inexplicable contratación con exmagistrados y Natalia Springer, concluyendo su gestión empañada como actor de acciones judiciales contra la ley de equilibrio de poderes para evitar tener jueces que investiguen al Fiscal General y en una controversia propia de políticos de pueblo, reclama al gobierno por incumplimiento de supuestos pactos clientelistas.

Alejandro Ordóñez, toda una carrera de juez hasta llegar al Consejo de Estado y de allí a la Procuraduría, realizando una labor disciplinaria importante en su primer periodo, al lado de mezclar sus convicciones religiosas en política del Ministerio Público, finalmente se convierte en jefe de la oposición al proceso de paz y al gobierno, riñendo con elementales principios de la entidad a su cargo defensora de las minorías, la libertad y garantía de toda la sociedad.

El excesivo poder de los órganos de control, la inmadurez de quienes desempeñaron esos cargos o sus ambiciones políticas, creyendo que habían cogido el cielo con las manos, finalizaron su gestión con un “chorro de babas” y mal ejemplo. Algo está pasando en nuestra sociedad.

13 Septiembre, 2016